 | Razones para creer...
-
-
-
-
-
-
LOS CARACOLES EN LA ANITIGÜEDAD

El caracol siempre ha tenido gran importancia para el hombre, al cual le proporciona un alimento muy sabroso. Se sabe que en la antigüedad los griegos y los romanos eran muy aficionados a este alimento y no fueron los primeros en apreciarlo, ya que en las cavernas prehistóricas se han encontrado muchas conchas, restos de glotones banquetes (Marasco y Murciano, 1996).
No sólo en la cocina se le ha apreciado a este molusco a través de los siglos, también en medicina y en farmacopea los caracoles han sido altamente apreciados. En la antigüedad PLINIO EL VIEJO los recomendaba como remedio para los dolores de estómago y la epistaxis mientras que GALENO e HIPÓCRATES lo consideraban de suma utilidad para la hidropesia y para facilitar el parto.
ZEZZOS ha enumerado, cuidadosamente, las diversas propiedades terapéuticas atribuidas por los antúguos al caracol. Se utilizaba tanto para uso externo como interno. Según PLINIO, aplicando un caracol vvo en la frente se corta la hemorragia nasal; GALENO creía firmemente que los caracoles vivos -colocados sobre el vientre- eran eficaces en los casos de hidropesia y muy útiles para curar la hernia (Guiseppe Gallo, 1983).

Estatua situada en los jardines del Hospital Italiano de Buenos Aires
El caracol fue considerado por los latinos (romanos) como un antídoto excelente contra la indigestión, de donde viene el dicho "cuanto más se come, mejor se digieren"; fue apreciado también como insuperable "tópico" (es decir, un fármaco especial en los males de estómago). PLINIO EL VIEJO recomienda la siguiente receta: "Uno de los mejores remedios en las afecciones gástricas es el consumo de caracoles. Sin embargo, es necesario darles primero un hervor, dejándolos intactos; después asarlos sobre carbones encendidos sin añadir ningún condimento ni nada; a continuación comerlos acompañados de vino. Es necesario estar atentos y comer siempre y sólo un número impar. Este es el más famoso y el mejor estomacal conocido" (Guiseppe Gallo, 1983).
CARACOLES EN LA EDAD MEDIA
En el medioevo la medicina popular los consideraba indicadísimos para combatir numerosas enfermedades: el caldo de cocción se hacía beber para las afecciones gastrointestinales y se aplicaba como cataplasma para curar el dolor de garganta y la bronquitis; la baba se usaba para cicatrizar heridas, parar hemorragias, y para curar hernias y trastornos de los ojos; los caracoles eran consumidos crudos por aquellos que padecían de tuberculosis pulmonar o de úlcera; se frotaba repetidamente sobre la piel para volverla lisa, y curar manchas y verrugas. También se creía que los moluscos aplicados sobre una llaga infectada provocaban la salida de pus; que destilados curaban la retención de orina y otras inflamaciones de las vías urinarias; que el agua de cocción azucarada era un óptimo reconstituyente; triturado y aplicado sobre el ombligo paraba la mestruación; que era un coadyuvante para curar el carbunco. Algunas de estas creencias han sobrevivido hasta nuestros días y en el campo todavía hay quienes cada año practican la cura del limaco: durante una semana cada mañana, extraen uno de su cáscara y se lo tragan vivo para curar o prevenir la úlcera gástrica (Marasco y Murciano, 1996).
TRADICIÓN POPULAR Y LA FARMACOMPEA
Sobre todo, como uso interno, se ha utilizado durante un tiempo en la terapia popular y todavía a fines del siglo XIX; su decocción, muy rica en sustancias mucilaginosas, se consideraba óptima como pectorante y se aplicaba confiadamente a los que padecían tuberculosis; los boticarios hacían con ellos jarabes muy apreciados en casos de tos y catarros persistentes. Como si no bastase, el caldo de caracoles fué considerado durante siglos el "non plus ultra" en los casos de escorbuto (Guiseppe Gallo, 1983).
En primer lugar es preciso distinguir entre las noticias que efectivamente tienen fundamento de aquellas que sólamente derivan de la superstición o la charlatanería, pero vale la pena estudiar seriamente a los caracoles también en su perfil médico y farmacéutico. Algunas veces las tradiciones populares dan origen a constataciones empíricas que se encuentran puntualmente en la experimentación científica (Marasco y Murciano, 1996).
De todos modos son muchas las creencias que se han visto confirmadas; por ejemplo, se puede considerar seguro que los aminoácidos contenidos en la proteína de la carne del caracol y, todavía más, en su baba, contribuyen a reconstituir la integridad de los tejidos gástricos y por ello a la curación de la úlcera; lubrican las vías respiratorias y ayudan de ese modo a curar las afecciones pulmonares, bronquiales y de la garganta; reblandecen y limpian la piel y ayudan a la eliminación de la celulitis y de las verrugas. Además, los caracoles pueden ser aconsejados como coadyuvantes en numerosas curas y dietas: por su abundancia en calcio están indicados contra el raquitismo y en todos los casos en los cuales el organismo tenga necesidad de este elemento; por la riqueza de ácidos grasos poli-insaturados combate la acumulación de colesterol; por el alto porcentaje de sales minerales y hierro son útiles durante la gravidez y la lactancia; por su pobreza en grasas se pueden consumir por los que padecen del hígado, de arteriosclerosis y por los que personas obesas. (Marasco y Murciano, 1996).
MINGIOLI afirma que la fama medicinal de los caracoles se ha transmitido a través de los siglos, de tal forma que en la antigua farmacopea, se indica la forma de preparar pastillas, jarabes y caldos, etc. para suministrar a los enfermos, especialmente a los afectados por enfermedades pectorales. La tradición conserva su importancia entre muchos agricultores, los cuales hacen ingerir a los enfermos caracoles crudos, envueltos en polvo de azúcar. MINGIOLI afirma después que "los conocedores de la medicina popular, aprovechando la ciega creencia atribuida a la eficacia mecicinal de los caracoles, han comercializado un polvo blanco, bajo el nombre de ELICINA, que probablemente preparan desecando los caracoles y pulverizándolos, aconsejándolo como remedio eficaz para el asma y confirman así el uso de los caracoles como remedio apropiado contra las enfermedades bronquiales" (Guiseppe Gallo, 1983).
FIGUIER cuenta el caso de un cantante, LABORDE, que sufría de mal de estómago. Adoptó los caracoles como medicina; los rompía sobre una piedra, les quitaba su concha y los envolvía en polvo de azúcar. Con gran confianza se los comía sin hacer muecas. No era ciertamente un bocado apetitoso, pero eficaz sin duda, ya que veinte años después nuestro tenor realizaba con éxito su papel en los teatros de Bruselar y en la Opera de París (Guiseppe Gallo, 1983).
Todavía a finales del siglo XIX, las conchas de los caracoles, enfiladas en collares representaban en Francia la insignia de las farmacias y de los herbolarios (Guiseppe Gallo, 1983).
NAWRATIL cuenta: “El contenido de albúmina de los caracoles ha puesto en evidencia que es aceptada la fama de los caracoles como afrodisíaco. Los productos a base de moco de caracol son preparados que sirven contra las enfermedades del aparato respiratorio. En Alemania se ha preparado con éxito un producto a base de Helix pomatia para la cura de la tosferina. He aquí una experiencia mía: Según los trabajos de PANPLEN, he preparado una medicina a base de Helix pomatia y con ella he curado a dos niños de una colega de la Universidad de Viena, enfermos de tosferina. Aproximadamente medio día después había llegado al ápice de la fase más crítica, después se cortó.” (Guiseppe Gallo, 1983).
PROKOP, director del Instituto de Medicina Legal de la Universidad Humboldt de Berlin, con algunos colaboradores, efectuó una exacta definición de los grupos sanguíneos usando un suero por el definido Anti A-Helix pomatia (Guiseppe Gallo, 1983).
El caracol manifiesta preferencia por algunas especies herbaceas espontáneas (fárfara, lampazo, ortiga y diente de león, etcétera), que sirven a los herboristas para la terapia de numerosas enfermedades. A estas plantas también la moderna medicina reconoce propiedades medicinales. Puede hacerse hipótesis de que la carne de los caracoles pueda retener algunosprincipios activos eventualmente ventajosos para quien come caracoles. (Guiseppe Gallo, 1983).
ESTUDIOS MODERNOS
En 1965, el doctor Abad Iglesias, oncólogo del hospital Gregorio Marañón de Madrid, sometió al “ Cryptomphalus aspersa ” (Helix aspersa) a las radiaciones de rayos X y gamma descubrió que no sólo retraía las antenas, sino que segregaba una sustancia especial completamente distinta a la que utilizaba para desplazarse. Asimismo, descubrió que al mantener las radiaciones sobre el caracol se producían pequeñas lesiones en la piel que el bicho curaba con una increíble rapidez.
Según los expertos, para que los cosméticos a base de baba de caracol sean eficaces, deben ser elaborados con la secreción que el caracol genera ante determinados estímulos externos —como radiaciones o estrés mecánico— para reparar su piel y protegerse de las agresiones externas, y no con la baba que el caracol desprende en sus desplazamientos.
La secreción del caracol “ Cryptomphalus aspersa ” obtenida en estado de estrés es extremadamente rica en proteínas y polisacáridos, responsables de su actividad regeneradora, y nada tiene que ver con la baba que el caracol segrega durante su desplazamiento, carente de actividad biológica y cuya única función es permitir su movilidad.
Los análisis efectuados a la limacina de Helix Aspersa Müller según la marca comercial Elicina (productor chileno de cremas para la piel a base de caracol, fundado en 1980), comprobaron que contenía en forma natural las siguientes sustancias activas:
• Alantoína: en una forma natural, la que al estar bio-disponible es rápidamente absorbida hacia las capas internas de la piel humana. Otros productos dermatológicos utilizan esta misma sustancia pero la obtienen en forma sintética. La Alantoína hace posible la regeneración de la piel. El caracol posee la particularidad de regenerar sus propios tejidos e incluso su concha si se rompe, ya que la repara mediante la producción de calcio que obtiene de su dieta alimenticia y gracias al efecto de la alantoína. Estimulante de la epitelización de la piel por estímulo de la proliferación celular. Ayuda a eliminar los tejidos necróticos, inviables, sustituyéndolos por tejidos nuevos. Otra de sus acciones es actuar como anti-irritante, protegiendo la piel de la acción de sustancias ácidas o alcalinas, jabones o aceites. La Food and Drug Administración de los Estados Unidos aprueba la utilización de la alantoína en diversas indicaciones para el mantenimiento del buen estado de la piel.
• Proteínas y Vitaminas: contribuyen al buen estado trófico de la piel. Además, las vitaminas tienen propiedades antiinflamatorias, que en este caso potencian la acción de los antibióticos naturales contenidos en el mismo sustrato. que contribuyen al enriquecimiento y suavidad de la piel. Estas sustancias son obtenidas por el caracol a través de la alimentación en base a vegetales ricos en vitaminas.
• Antibióticos naturales: combaten las bacterias más comúnmente encontradas en las infecciones de la piel, tales como: Eschericia coli , Staphylococcus aureus , Pseudomona aeruginosa y Acné vulgaris .
• Colágeno y Elastina: principales componentes del tejido conectivo de la piel.
• Ácido Glicólico: una de las grandes novedades de la cosmética ha sido la introducción de los hidroxiácidos, que aplicados a la piel y según su concentración, pueden producir desde una ligera descamación hasta un peeling intenso. Uno de los más utilizados en la actualidad es el ácido glicólico (proveniente de la caña de azúcar), que también está presente en la baba de caracol a una concentración capaz de producir una suave eliminación de las capas más superficiales de células muertas, y promoviendo su sustitución por células recientes, formadas bajo el estímulo de la alantoína. El ácido glicólico, por la eliminación de capas superficiales de la piel, también mejora la situación de los folículos pilosos, favoreciendo el paso a su través de las sustancias aplicadas en la superficie donde ejercen en profundidad su acción regeneradora de los tejidos dañados.
Por lo anterior, no cabe duda que el caracol abre toda una nueva área de investigación para las ciencias biomédicas, que sin duda atraerá la atención de estudiosos e investigadores de diferentes ramas.
PERCEPCIÓN DEL PÚBLICO Y PERSPECTIVAS DE LA INVESTIGACIÓN
En los últimos años se ha creado toda una parafernalia comercial en torno a los productos de baba de caracol. Muchas empresas han caido en el truco de la falsa publicidad ofreciendo productos milagro en infomerciales que insultan la inteligencia del público, y algunas otras han hecho esfuerzos serios por colocar en el mercado artículos que pueden ser muy buenos pero a precios inaccesibles. Incluso existen productos sustitutos que podían dar los mismos resultados a precios más razonables.
Todo esto ha creado un ambiente de gran incertidumbre y desconfianza entre la población, a lo cuál se suma la controversia generada existente entre las personas que se han atrevido a probar entre estos distintos artículos: algunos han corrido con la suerte de encontrar la solución a sus problemas de la piel y otros simplemente piden la devolución de su dinero.
Sin duda acen falta todavía muchos estudios, entre los cuales GenEden XXI propone algunos que podrían ayudar a crarificar el panorama: caracterización de las proteínas, determinación de actividad enzimática, determinación de actividad hormonal, pruebas sobre cultivo de tejidos, etc. Se pretende que esta investigación se lleve a cabo con la colaboración de instituciones educativas reconocidas y laboratorios certificados con la finalidad de obtener resultados con la validez científica reconocida.
Se están estableciendo los acuerdos para que los trabajos se realicen de forma parcial o total en las siguientes candidatas:
-
Unidad Profesional Unidad Profesional Interdisciplinaria de Biotecnología (UPIBI) del IPN.
-
Escuela Nacional de CIencias Biológicas (ENCB) del IPN
-
Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (CINVESTAV) del IPN
-
Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
-
Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Se espera que con estos trabajos, se le devuelva la seriedad y credibilidad que la investigación se merece.
REFERENCIA DE LA TESINA
La mayor parte de la información ha sido tomada de la tesina:"Creación de la Microempress Edén XXI, Construcción de un Criadero Helicícola Acoplado a un Sistema Hidropónico, Informe Técnico de la Opción Curricular en la Modalidad de Microempresa Edén XXI, que com uno de los requisitos para obtener el título de Ingeniero Biotecnólogo Presenta Víctor Hugo G. Hernández", Presentada en la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Biotecnología del Instituto Politécnico Nacional el en Mayo de 2006 en la Ciudad de México.

|
| |
|